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Categoría: FVF

Ingenieros intocables

Me han pasado un pdf con el artículo del País Semanal sobre la fundación Vicente Ferrer. Ha sido difícil pasarlo a formato legible y no me hago con las fotos (os pongo una sólo), pero el texto es muy interesante, un análisis profundo de uno de los muchos logros de la fundación, el de las personas que han conseguido una carrera universitaria.

Las castas más bajas de India han encontrado un hueco para sortear su destino: formación y nuevas un sinfín de ingenieros al mundo. Y en ese territorio importa el mérito, no el origen. India crece, produce y exportala historia de éxito de cuatro jóvenes intocables, la prueba del poder de cambio de la educación. 

INGENIEROSINTOCABLES‘MADEIN INDIA’ 
Por LOLA HUETE MACHADOFotografía de ÁNGEL LÓPEZ SOTO 
Nada más poner el pie en la calledesde el aeropuerto de Bangalore(capital del Estado de Karnataka), uncartel de la empresa de tecnología IBM indica:“Permítenos hacer del mundo un lugar máspequeño”. Y sí, se ve que se lo han permitido.Porque es en” lar la carretera y toparse condetalles de Occidente que arrasan: coches delujo, edificios acristalados, logos de firmasinternacionales y publicidad inundando elcentro de mansiones estilo Beverly Hills… 
Occidintoxicación, lo llaman. Todo bien global.Todo, menos el nivel de urbanización (labasura, el pobre estado del asfalto y la faltade aceras), de contaminación (el aire es irrespirable),de edificación (la mayoría de inmueblesnecesita primeros auxilios), de ruido(atroz)… Y, destacando, el contraste entrelos que tienen y los que no. Un pastel bienamasado de miseria y nuevos ricos, o ricosmuy ricos, que aturde. Hace nada, esta eraconsiderada la ciudad de los pensionistas, yahora pasa por ser la de los millonarios.Manjunatha Chakari sabe de pobreza.Es dálit –antaño llamados intocables, en esaclasificación milenaria en castas que aúnperdura y afecta a unos 200 millones de personas en el nivel inferior–,está graduado en estudios tecnológicos,lo que llaman B-Tech, tiene 24 años,una carrera incipiente y serias dificultadesen este momento para que le permitan que le fotografiemos en el interior de su empresa,NetApp, subcontrata de Wipro, gigante indiode la electrónica con 120.000 empleadosen cinco continentes. Y eso que se lo (nos)habían prometido hasta por escrito.Él lo pelea con unos y otros en las tripasde un edificio moderno, con mucho cristaldentro, y mucho espacio, césped y guardade seguridad fuera, vecino a los de Microsofto Yahoo. Hasta se ha puesto sus gafas depasta con motivos de leopardo. Pero nada.Porque nunca nada es como parece en India.Y menos ahora que anda creciendo, aritmo lento, pero sostenido, cual tortuga,gracias, entre otros, a su poderío electrónicoy programador (es proveedor de serviciosexternos mundiales, más baratos y en perfectoinglés: gran ventaja frente a China); asu medio millar de universidades, la granmayoría de Ciencias; o a sus sedes tipo SiliconValley (en Bangalore, Hyderabad y Dehli).Solo en esta esquina sur del subcontinentehay 300 escuelas de ingenieros. En laElectronic City de Bangalore se arremolinancientos de empresas del gremio, mientrasfuera crece la clase media: dicen que serán500 millones en tres lustros, urbanos, angloparlantes,embebidos de cultura de consumode marcas, provocando un boom decreatividad e innovación, y que el uso detecnologías permitirá acceder al consumo alsegmento de los pobres (de ahí, los cochespor 1.500 euros, los móviles por 19…). 
Y todo es, por momentos, una alucinación:la de una India estratificada que se balanceaentre el medievo y la ciencia ficción.Siendo el segundo país más poblado de laTierra, con más de mil millones de habitantes,300 viven en condiciones paupérrimas;la brecha de género no decae: la mitad de lasmujeres no sabe leer ni escribir; el infanticidiono cesa; los matrimonios concertados,tampoco; el trabajo infantil y el absentismoescolar son una lacra; la renta per capita en2011 fue de 770 euros, puesto número 143ºdel mundo. El contraste entre lo rural,680.000 aldeas (dos tercios de población), ylo urbano es un abismo. Eso sí, todo siemprebajo los auspicios de dioses como Shiva,Brahma, Krishna o Vishnu, tan presentescomo los pósteres de actores de Bollywood/Tollywood/Kollywood,tipo Shahid Kapoor o Kareena Kapoor.India bendita.Hasta los secretos de la escala de mandoaquí se escapan a nuestro concepto. Porqueno es tal, sino una soga que se dobla y va girandode uno a otro a través de castas, religión,formación y poder. Imposible desligarlay llegar a quien toma la decisión.Esperamos en vano, pues, junto a Manjunatha,un permiso que no llega, como lo haremos luego en la sede de IBM, en Whitefield.Donde, además, los guardas dirán (¿evidenciade que el mundo es, en verdad, más estrecho?)que hasta las fotos ¡desde la calle de sufachada están prohibidas! El fantasma delespionaje arrasa en el sector, al parecer,“puesto que Bangalore no está sola”, sonríeManjunatha luego, ya relajado, mientras hablade los suyos, de su formación, de novias yplanes. La sombra de Hyderabad, la capitaldel Estado cercano de Andhra Pradesh, esalargada desde que Microsoft decidió instalaren ella su centro de desarrollo de software.Además, Hyderabad luce más metropolitana,parece más ciudad…“Aquí hay mucho futuro”,nos dirá otro ingeniero, Shatru Naik, yatreintañero; él lo sabe bien, pues allí estudió;allí habita y se ha hecho grande, tiene casa yfamilia acomodada junto a su esposa, jueza,y allí ha dirigido y reflotado más de una empresa(Versant Technology) o dirige hoy lared social de música, Muzigle, mientras sueñacon crear una propia para formar a ingenieros.Y por allí anda como pez en el aguacon su moto sorteando peatones, todoterrenos,ricksaws y atascos planetarios.Pero seguimos en Bangalore. Y la pacienciaoccidental (como la capacidad desorpresa) tiene aquí, se ve, mucho campopara su desarrollo. Y no solo ella. ChandrasekharaNaidu, indio enjuto, cultísimo,hombre tranquilo, mueve la cabeza decepcionado:“Las castas son nuestro verdaderoproblema”, dice él, que es miembro de unasuperior, la de los propietarios. “Algún díausaré ese valor y me haré primer ministropara solucionar todo esto y más”, bromea.Siempre sonriente, él es el director del sectorde educación en la Fundación VicenteFerrer (FVF) y es quien nos ha traído hastaaquí para seguir los pasos de estos jóvenesingenieros que nacieron dálits, tribales o loque llaman backward castes (BC), los gruposmás deprimidos, en los que solo un 12% (dálits)o un 5% (tribales) tiene estudios superiores.Para ver con nuestros propios ojoscómo la educación es un motor de cambioya imparable. Lo es. Y lo vemos.Como vemos también el poder que tienela iniciativa de una sola persona irradiadacon el apoyo de otros muchos.
Educar a las castas más desfavorecidas yfavorecer su disolución, ese fue siempre elobjetivo de la FVF desde que en 1969 el exjesuitahincó el diente en los pueblos a dosaspectos: aumentar la asistencia a la educaciónprimaria y reducir el abandono escolarde los marginados a través de escuelas derefuerzo, planes de nutrición y desarrollo.“El acceso a la educación primaria de los dálitsen Anantapur ha pasado del 10% entoncesal 99% hoy”, contaba hace nada su hijoMoncho en la conferencia de TEDX en Bilbao.Luego empezaron a involucrar a lascomunidades en la gestión de la educaciónde sus hijos, mediante el pago propio a losmaestros. Y ahora corre la tercera fase: elapoyo de niños seguidos por la FVF que llegana la etapa universitaria en los 3.000 pueblosen los que están presentes. Se encargande ellos, los becan, los siguen de cerca.Pero, de momento, para paliar el asuntofotográfico, acompañamos a Manjunathahasta la sede mastodóntica de Wipro (y ahíestá la imagen, abriendo este reportaje),mientras siguen desfilando ante nuestrosojos las particularidades de este país atípicoque asumió la democracia sin contar con laclase media; que crece sin pasar por una revolución industrial al uso; que tiene su fuerteen el sector servicios, un escenario políticovolátil de 24 partidos, y donde la libertad deexpresión y la idea de Estado y de lo públicotienen un considerable peso junto con la tradición,la religión, la idolatría (hay cientos degurús, el más famoso, Sai Baba, fallecido en2011) que lo inundan todo. “¿Ves a esos vestidosde negro?”, nos dirá la traductora de laFVF, Sheeba Baddi, en el trayecto por autopista,nueva, hacia Hyderabad. “Son seguidoresde Ayyappan, dios nacido de dos hombres,ayunan para que se les perdonen lospecados”. Sheeba lo ve y lo sabe todo de sutierra, lo ofrece con ironía muy suya, y en cincoidiomas, hasta en catalán y con expresio -nes. “¿La diosa del conocimiento? La Sarasvati,esposa de Brahma, una mujer, ya ves”. 
En este crecimiento último, India, además,no está sola, sino bien apoyada por EstadosUnidos… Su emergencia como potenciaequilibra el mundo frente a China, dicen losexpertos en geopolítica. Pero en esto, quizá,Manjunatha tampoco piensa ahora, mientrascuenta que vive con su hermana, se ocupa“del scripting del lenguaje perl”, prefiereIndia a EE UU (el 25% de las iniciativas empresarialesen Silicon Valley es de indios noresidentes) y mira el cielo gris pintado a brochazospor la contaminación (el deterioroclimático es gran reto) mientras viajamos enel metro aéreo de Bangalore, recién inaugurado,donde, para variar, también te persiguenlos polis en cuanto ven cámaras. Luegonos detendremos en centros comerciales conárboles de plástico donde las parejas se retratan entusiasmadas. O en otros de más altagama, el exclusivo UB City, con vistas espectaculares,club muy british en la azotea, marcasde moda vuittonianas y terrazas dondesentarse a comer es gastar de golpe el sueldomensual de un campesino (30 euros al mes).fuerzo 
La formación de los marginados, ese sueñodel catalán Vicente Ferrer desde que aterrizóen tierras de Anantapur (entonces, sumidoen la pobreza absoluta), lo representabien la figura de otro dálit, Bhimrao Ambedkar,tan revolucionario y famoso dentro delpaís como lo puedan ser Gandhi o Nehru.La estatua de Ambedkar, bien dorada (esuna moda, cualquier adinerado se encargasu efigie), se levanta por doquier en los crucesde caminos y es como un recordatoriode que la abolición de las diferencias siguesiendo work in progress. “En la Universidadno miran de dónde procedes. Ni castas, nireligión, ni dinero; allí somos iguales. Creoque el éxito es saber estar en todas partes…eso y estudiar sin parar, sin mirar lo quehace el otro”, señalará luego Subhashini Vadathe,de 22 años, de la casta tribal, ingenierailusionada y querida en una gran empresade software, Virtusa.Ambedkar no vio contradicción entreciencia, tecnología y tradición… Y fue quiendio esperanza a los marginados de India. Élmostró en sí que podían trascender su condiciónsocial hereditaria: fue uno de losprincipales redactores de la Constitucióndel país en 1950. Definió la jerarquía de castascomo “escala ascendente de odio y descendentede desprecio”, tal como cuenta. Edward Luce, periodista del Financial Times,en un libro magnífico, A pesar de los dioses.El extraño ascenso de la India moderna.Vicente Ferrer hizo hincapié también enesa unión entre la India rural más pobre conla educación y las nuevas tecnologías, unboom ya cuando él murió en 2009: de hecho,el 61% de los universitarios becados por laFVF son hoy ingenieros. Al desaparecer, Ferrerdejó la organización igual de activaa manos de su mujer, Anne Perry (ya antesencargada de todo asunto práctico), y de suhijo Moncho. Y, además de una herenciamaterial (tres hospitales, 3.000 pozos, 1.200escuelas de refuerzo, casi 40.000 viviendassociales…), dejó otra inmaterial y valiosa: unservicio de apoyo integral en educación, vivienda,sanidad o ecología a cerca de tresmillones de personas que nunca antes lo habíantenido (como ahora mismo sucede conlas tribus chenchu de los bosques de AndhraPradesh, víctimas de la deforestación).
La fundación FVF ha sabido usar gracias a un equipode personal y voluntarios bien capacitado, lapaciencia y la perseverancia como armas eficaces en sus más de 40 años de historia enAnantapur. Allí, su sede –campus lo llaman–es cual oasis silencioso y ordenado en mediodel caos; un puro centro de descompresiónque ha ido creciendo con los años, y donde,además de la residencia de la familia Ferrer,hay oficinas y habitaciones para personal yvoluntarios que van y vienen. Cruzas la entraday es como atravesar la galaxia. El trabajode la FVF es exquisito, de hormigas quehacen camino: se ve en sus escuelas de repaso, en los centros de reuniónde las comunidades, en las casas y los hospitales,y, quizá, hasta en el silencio y el espaciocreado alrededor de la tumba de Ferrer dentrodel recinto de uno de ellos, en Bathalapalli(en un país tan hacinado). “Para acabarcon la discriminación, nosotros usamos lamás efectiva de las herramientas: la educación”,seguía Moncho Ferrer en Bilbao. 
Los beneficiarios del Programa de BecasPreuniversitarias de la FVF (1.291) han ido aestudiar a los mejores centros (de ellos, 127son ingenieros ya graduados, otros 667 estudianaún). Entre ellos, Lathamma, Manjuntha,Shatru o Subhashini representan variosestadios de evolución. Mientras Shatru Naik,curtido y con bigote, está en la división de losexpertos e independientes (empezó su carreratrabajando en la escritura de códigos yprogramas; lleva 13 años de experiencia encompañías de software; en 2004 se inició enla gestión y dirección, y se ocupa ahora decrear estrategias de negocio), otros acabande empezar o de conseguir su primer empleo.Pero son ya profesionales de tecnologías deúltima generación, y estas han introducidoen la sociedad india algo no siempre obvio ocomún: son los méritos individuales los quete hacen subir, no tu origen. Lo saben bien. Ysus retos han sido inmensos: separarse de lafamilia, enfrentarse a la ciudad desconocida,dar la talla ante tal privilegio, estudiar en lenguatelugu o kannada, y pasar luego a inglés,dominar determinadas capacidades comunicativas,“soft skills” las llaman… Característicaesta muy elástica, como veremos: aManjunatha, por ejemplo, le cuesta abrirse;Subhashini sonríe todo el tiempo y se haceamiga; Shatru no para de añadir contexto:“Las matemáticas son una especialidad india,hasta el cero como número lo es; las cienciasy la programación eran nuestro destino; RajidGandhi, el ex primer ministro, dio el empujóncon las reformas en 1990, la educaciónes hoy interés generalizado”. Y Lathamma sepresenta con un “Soy testing engineer, soyeso”, bien expresivo. Todos tuvieron que demostrarinteligencia, capacidad, entereza,objetivos claros y ganas de enfrentarse al establishmentfamiliar y local, al cambio, y alhecho de convertirse en los primeros, y quizáúnicos, universitarios de su entorno.
 Los acompañamos. Vamos a sus empresas,a sus casas en la ciudad y a ver a sus familiasen las aldeas, en un programa tan apretadocomo este texto. Nos sentamos en el rellanode la vivienda colorista de Lathamma a ver asu madre calentar el fuego para el té con lasboñigas de vaca, o a los niños cantando a lolejos en la misma escuela que ella frecuentóun día cuando su padre recogía hojas de palmay era sirviente al mando de otros. La -thamma, morena, grandes ojos, amable ysobria nos dijo: “Solo quiero mejorar, pros -perar, ganar dinero, no depender de nadie,mejorar la situación de mi familia; así, micarrera es prioritaria. ¡Hasta he acordadocon mi padre que no me agobie con temasde boda en dos años!”. Su madre, muy activaen la comunidad, sonríe. “La gente aún nospregunta por qué gastamos tanto dinero enla educación de las niñas, es mejor concertarbuen matrimonio, afirman, y les digo queyo nunca voy detrás de los tiempos, sino delante.Y si nuestra generación no pudo serindependiente, ellas lo serán”, apunta el padre.Y se ríe cuando le decimos que es unmoderno. Descansamos en el porche con lafamilia de Subhashini al completo, en Puttagundlapalli,una suerte de asentamiento con42 casas similares en las que conviven uncentenar de tribales (generalmente no semezclan, se casan entre ellos) que antes sededicaban a la recogida y venta de leña ydesde hace 15 años tienen tierras.Nos presentamos en la vivienda de losprogenitores de Shatru –con parada y festejoprevio en el centro de su pueblo, Makodiki/ an da, donde es una celebridad–, que soncomo sacados de un cuadro de principios desiglo: campesinos de cuerpo menudo y roto,gafas a lo Gandhi, esos ojos verdes inmensosde su madre bien abiertos, en una casa repletade gente y rodeada de verde por todas partesmenos por las palmeras y el azul del cielo.Una construcción de cemento, iniciada conayuda de la FVF, como las demás, sin muebles,apenas unos colchones. Y pasamos unatarde también con los de Manjunatha, en sucasa verde, limpia y nueva, donde nos contaron,coco abierto en mano, cómo el ejemplode estudio de su hijo ha cundido en su nueray entre los dálits que habitan aquí; mientraslos escolares, libros en mano, se acercan desdela escuela a mirar, huele a comida cercanay suena la llamada al rezo de las familias musulmanasvecinas con las que conviven enpaz en un mundo ya no tan pequeño. 

Un padre me dijo con naturalidad que mató a su hija

Una entrevista a Moncho Ferrer, por María Antonia Sánchez Vallejo, publicado hoy en el país:

Moncho Ferrer (Anantapur, 1971) ha estado siempre rodeado de mujeres: su madre, sus hermanas, su esposa, sus dos hijas. Y las miles de indias cuyas vidas comparte en el Estado de Andhra Pradesh, uno de los más pobres del país y escenario del trabajo de la fundación que lleva el nombre de su padre, Vicente Ferrer. La campaña Mujeres, la fuerza del cambio en India le trae desde el tórrido Anantapur —“Allí ya es verano, estamos a 43 grados”— a un Madrid de primavera veleidosa, “y mucho frío”.

A través de siete historias cotidianas de la India rural una exposición fotográfica -puede verse desde el 11 de abril en la Plaza de Felipe II de Madrid-, que recorrerá 22 ciudades españolas, muestra la vida de mujeres sobre las que recaen todos los factores de discriminación posibles: género, clase, casta, enfermedad, prejuicios. Son dalits (intocables) o de grupos tribales: una es discapacitada; otra, seropositiva. Y, aunque no presentasen estas características, tampoco lo tendrían mucho más fácil: India es el cuarto país más peligroso del mundo para ser mujer, tras Afganistán, Congo y Pakistán. Según la ONU, los abortos selectivos, los infanticidios y los feminicidios han restado 50 millones de mujeres al censo desde que hay registros (ocho millones en una década).

“La palabra discriminación se queda corta, es auténtica exclusión, y empieza antes de nacer. Aunque está prohibido revelar el sexo del feto para evitar abortos, siguen produciéndose, o infanticidios al nacer. En el norte se dan muchos. Pero las mujeres conocen cada vez más sus derechos, gracias a campañas del Gobierno, ONG y los shangam, grupos comunales de mujeres. Una mujer sola tiene miedo a reclamar sus derechos, pero en grupo no”, explica Ferrer entre sorbos de zumo.

Cada una de las historias ilustra uno de los sectores en los que trabaja la Fundación Vicente Ferrer: ecología, vivienda, sanidad, discapacidad, educación, desigualdad, género. Una de las protagonistas es Yellamma, con movilidad reducida, que fue devuelta por su marido al ver que no podía trabajar. Hoy hace objetos de yute para la fundación, pero otras no tienen tanta suerte. “En un poblado, el padre de una niña discapacitada, viudo, que quería volverse a casar, mató a su hija. Le pregunté y me contestó con naturalidad: ‘La tiré ahí, a un embalse”, cuenta Ferrer.

De los siete ejemplos, Moncho Ferrer, que a estas alturas de la charla sigue en ayunas, escoge a Nagamma: 43 años, cuatro hijos, sin estudios. “De pequeña no tenía futuro. Hoy es la comadrona del pueblo, trabaja en el campo y lidera los shangam locales; además, elabora incienso en su casa para venderlo. Como líder, goza del respeto de la comunidad; puede ir a los bancos y tener firma”. Pero los retos siguen siendo mayúsculos: violencia doméstica, explotación sexual o bodas precoces. “En pocos meses hemos impedido más de 30. ¡Una de las novias tenía 13 años!”.

Evoca emocionado que en cada pueblo donde trabaja la fundación rinden homenaje a su padre dos veces al año, “la fecha de su nacimiento y la de su muerte, todos juntos, sin distinción de castas”. Ser hijo de Vicente Ferrer le ha granjeado un cariño sin límites, así que no resulta difícil averiguar cuál de los tres países que definen su vida (España; Reino Unido, por su madre, e India, donde nació y vive) es más importante para él. “De pequeño me abrasaba el sol porque quería estar en la calle jugando; pero soy muy poco británico y hablo mal español. Soy indio. Un indio muy clarito, pero indio”.

¿ India espiritual ?

Os traduzco por libre parte de un interesante post, que me ha gustado, de María Llompart una voluntaria que lleva bastante tiempo en Anantapur trabajando para la fundación  vicente ferrer, de un chulísimo menorquín a un castellano de andar  por casa:

Anantapur es la India profunda. Aquí parece que el tiempo está parado. Un lugar que te sacude el alma y que te hace vivir con los pies en el suelo al profundizar en las relaciones con la gente del lugar. No aparece en ninguna guía turística y el viaje en bus a la capital -Bangaluru- tiene un precio prohibitivo para los campesinos. Viven en su elemento natural, un campo seco y pedregoso. Su vida es monótona, el aire ni se mueve.   Sale el sol y hay que esconderse hasta que llega la noche.  Pero ellos no cuentan los días ni los años, el tiempo se mide por la temporada de cosecha, muchos no conocen ni su edad.

Desde occidente la India aparece vestida de misticismo, es el lugar de los buscadores espirituales, perseguidores de “la verdad”. Si vienes a la India a encontrarte no sé si lo conseguirás, porque este es un país para perderse a tope. En Anantapur no hay tiempo para estas cosas. A la mayoría de los indios no les preocupa la verdad. Sólo piensan en su día a día y en tener qué comer.

¿ La india espiritual ? la India espiritual de los ashrams (monasterios), los templos, los sadhus (renunciantes) y los maestros de yoga (gimnasia) no existe en Anantapur (ni en el 99,9 % del país, añado yo, ka). La India mística que buscan muchos viajeros occidentales no se encuentra en la ciudad del infinito. Aquí, las prioridades son las necesidades básicas: alimentar hoy a la familia, tener un hospital y una casa para dormir. La vida vale muy poco y el suicidio es el pan de cada día.
Hace unos días he leído una entrevista a una familia de clase media, con 2 hijos y 4 hijas, Para poder pagar la dote y casar a las hijas necesitaban pasta y sólo podían  vender su casa. Las hijas, para no arruinar a la familia, hicieron un pacto: suicidarse. Y lo llevaron a cabo. Las estructuras sociales tan rígidas y el peso de la tradición condena a la población femenina a la autodestrucción.
¿ India espiritual ?

En la oficina de apadrinamiento, he traducido cartas especiales que se han de enviar a los padrinos en España para informar de situaciones especiales. Normalmente son malas noticias. Recuerdo el caso de una carta donde se informaba al padrino que su nena se había quedado huérfana en un sólo día. Su padre y madre habían discutido mucho por el tema de la dote y no se ponían de acuerdo. La madre se comió un herbicida, no soportó el dolor. El padre, al ver a su chica muerta también se quitó la vida…

En cuatro mese han muerto en Anantapur unos sesenta nenes apadrinados. Una cifra preocupante. ¿ Los  motivos ? En los programas de la Fundación ya no se muere por desnutrición ni de hambre. Mueren por accidentes de tráfico, u oscuros accidentes hogareños -tipo caer en un pozo o de una pedrada, por asesinatos, suicidios, enfermedades o mordidas de serpientes. Un voluntario del hospital de Bhatalapalli, me contaba un día, indignado, la cantidad de casos de intentos de suicidio que ve diariamente en el servicio de urgencias del hospital…

>charla de Shiba y Sara de fundación vicente ferrer

>Ayer tuve la suerte de acudir a una charla de una de las trabajadoras sociales locales de la fundación vicente ferrer. Shiba usa un castellano muy fluido y nos contó un montón de cosas de la vida en Anantapur, los problemas de las mujeres, el sistema de castas, como funciona la rdt ( rural development trust, nombre de la fundación en India)…
Después nos contó sus múltiples experiencias Sara Crespo, una chica que estuvo 3 años trabajando para mejorar las condiciones de vida de las personas con discapacidades auditivas, visuales…
El vídeo de Shiba está en 2 partes y el de Sara en 4. Os pongo la primera de cada uno y una vez vista enlazáis con la siguiente, la calidad no es excelente pero la experiencia que nos cuentan merece la pena.
Shiba:

Sara:

>Fundación Vicente Ferrer

>

(foto by mamarazzi 2009)

Desde que he vuelto a España estoy haciendo pequeñas labores de voluntario con la Fundación Vicente Ferrer a la vez que intento aprender sobre su labor en terreno (Anantapur una de las zonas más secas de India) y el milagro que supone el buen funcionamiento de una organización tan grande.

Los voluntarios de FVF hacemos labores de concienciación (explicar la realidad en la zona donde se actúa y los programas de ayuda que se pueden subvencionar desde aquí) y venta de productos realizados en India por mujeres discapacitadas.

El sábado tuvimos una reunión de coordinación de voluntaris y entre otras novedades nos contaron que se van a abrir 2 hogares para niños con padres infectados con VIH; que el centro de maternidad se convierte en centro de formación (clases de inglés, espñol, catalán, enfermería…) porque las ligaduras de trompas que se efectuaban a las madres que voluntariamente lo solicitaban ahora se realizarán en el resto de hospitales de la fundación (conocida en la zona como RDT, pronunciado ardití); que se va a empezar a trabajar con una etnia local (adivasis o tribales); que en 2010 ha bajado el número de socios pero no el de apadrinamientos ni los apoyos al programa de mujer a mujer (ver la página de la fundación).

Sergio y Bea nos contaron sus respectivas estancias en el campus de la fundación como profe de inglés (3 meses) y payasa (6 meses) respectivamente. Además de lo bien que funciona todo y lo majos que son los niños, nos contaron que hay más oprtunidades de voluntariado en la fundación de lo que se dice. Por ejemplo, siempre hacen falta profes de inglés, castellano y catalán (además de médicos, payasos, arquitectos y otros perfiles más específicos). Normalmente hay que pasar una selección en barcelona pero hay gente que iba viajando por India y les han llamado directamente desde Anantapur para ayudar sólo durante un mes.

Resulta que hace una año, cuando cambiaron las condiciones del visado, se presentó la policía en el campus de RDT y echó del país a todos los voluntarius que habían entrado con visado de turista (tipo T), sólo los que tenían visado tipo E (se pide con una carta de recomendación de la ong, y según la mano que tenga te la pueden dar desde 6 meses ahasta 5 años, dicen) pudieron continuar con su labor.

Nos recomendaron la página veyactua que me ha parecido un poco precaria aunque la lista de ong´s que ofrecen voluntariado está revisada in situ y hay bastantes.
También el blog de maria llompart una chica de menorca que está allí de voluntaria ahora mismo dando clases de catalán, recopilando papeles personales de Vicente Ferrer para hacer un nuevo libro y hacer un pequeño museo y haciendo meditaciones con los niños.
También hablaron de pasada de una chica que ha estado preparando un diccionario lengua de signos-telugu. Se llama Sara Crespo y ha sido la voluntaria mimada de la fundación (también ha estado contratada 2 años) aunque ahora está en México como podemos ver en su blog. Aquí la vemos charlando con una compañera.

Y aquí el primer fragmento de un programa de la 2, acción directa, en el que salió:

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